En San Dionisio y Ereguayquín, mujeres, comunidades e instituciones fortalecen la protección frente a la violencia y crean alternativas económicas desde la organización y el reciclaje.
A las seis de la mañana, dos mujeres levantan parte del plástico que protege una granja de gallinas ponedoras, revisan el agua y reparten el alimento. Durante el día regresarán varias veces para recoger los huevos.
«De nosotras nunca nadie había tenido una granja. Nosotras tenemos nuestras gallinas y nuestros pollos, pero es diferente. Nos ha tocado ir aprendiendo poco a poco», explica Magdalena Mejía, madre, lideresa comunitaria y emprendedora.
Su experiencia forma parte de la estrategia Nosotras Seguimos, un proceso de largo recorrido, acompañado FUNSALPRODESE, APROCSAL, IMU y Farmamundi, que da cobertura a todo el departamento salvadoreño de Usulután. La financiación del Ayuntamiento de Valencia ha permitido profundizar el trabajo en San Dionisio y Ereguayquín, dos distritos del municipio de Usulután Este. La iniciativa acompaña a mujeres que, como Magdalena, quieren ampliar sus conocimientos, reforzar su autonomía y responder con más herramientas ante la violencia de género y la desigualdad.
Magdalena Mejía, madre, lideresa comunitaria, emprendedora y presidenta del Fondo para Nosotras. |
Protección de mujeres y niñas en El Salvador
El punto de partida fue un diagnóstico realizado a finales de 2022 con grupos de mujeres, redes de prevención de la violencia, mesas de juventud, organizaciones comunitarias, centros educativos, servicios públicos e instituciones municipales.
Las participantes identificaron una alta incidencia de la violencia de género y la desigualdad, falta de información sobre derechos y rutas de atención, dificultades de acceso a los servicios y una coordinación todavía frágil entre los actores responsables de la protección.
A partir de ese análisis, Nosotras Seguimos articuló tres líneas de respuesta: reforzar la coordinación institucional; promover la autonomía económica mediante formación e iniciativas de economía circular; y ampliar la participación de redes comunitarias y juveniles en la prevención, la vigilancia social y la restitución de derechos.
Participación en el Festival para la restitución de derechos de las mujeres, en el marco del 25N. |
Un sistema local de protección para más de 18.000 personas
El proyecto ha mejorado el sistema local de protección de 18.833 personas, entre ellas 10.137 mujeres. Ahora, 6.730 niñas, adolescentes y mujeres disponen de sistemas locales reforzados; 80 han accedido a atención y planes de vida, y 40 han participado en formación técnica o iniciativas económicas.
Para María Elena Rivas, del Área de Gestión y Cooperación de la Alcaldía de Usulután Este e integrante del Comité Intersectorial de Ereguayquín, la autonomía económica es una pieza clave de esa protección. «Un empleo digno no es solo un salario; es seguridad, estabilidad, protección, reconocimiento y posibilidad de crecimiento», sostiene.
Cuando una mujer cuenta con ingresos propios, gana margen de decisión y más opciones para salir de una situación de violencia o dependencia. También deja de ver la migración como única salida frente a la falta de oportunidades en el territorio.
«Somos capaces de trabajar y de sacar adelante los proyectos»
La granja en la que participa Magdalena ilustra ese cambio. Al comienzo, las mujeres se organizaron en grupos de tres. Luego ajustaron los turnos a parejas y repartieron las tareas de alimentación, cuidado de las aves y recogida de huevos. El trabajo fue incorporando aprendizajes cotidianos, mientras las decisiones sobre horarios y responsabilidades se tomaban de forma compartida.
«Nosotras demostramos que somos capaces de trabajar y de sacar adelante los proyectos. Ponemos el esfuerzo, pero necesitamos un apoyo que se enfoque directamente en las mujeres», afirma Magdalena. En su comunidad, añade, muchas otras siguen sin encontrar una oportunidad similar para mejorar su situación económica.
El efecto multiplicador
Además de la granja de Magdalena, Nosotras Seguimos ha impulsado huertos y talleres artesanales. Las participantes han aprendido a elaborar macetas con telas o toallas reutilizadas y cemento, canastas de alambre para plantas colgantes, pulseras con hilo encerado y prendas teñidas con pigmentos naturales.
«Cada una va a elegir qué quiere producir y el conocimiento que hemos obtenido también lo vamos a compartir con otras mujeres de nuestro territorio», explica una de las participantes.
La capacitación económica se combina con actividades sobre derechos, planes de vida y comunicación comunitaria. También se ha creado una red juvenil, se ha acompañado a adolescentes en la elaboración de currículos y se han desarrollado actividades de contraloría social, títeres y sensibilización.
La idea es reforzar la capacidad de las comunidades para identificar situaciones de riesgo, difundir información útil y activar los mecanismos de protección frente a la violencia cuando una mujer, una adolescente o una niña necesita apoyo.
Adolescentes en grupos de trabajo, participando de tema sobre deberes y derechos laborales. |
Reciclar para sostener derechos
Una de las herramientas nacidas del proceso es el Fondo para Nosotras, una iniciativa que vincula el reciclaje con la restitución de derechos y la autonomía económica. Magdalena es la presidenta del Fondo y María Elena la secretaria.
Primero, personas, grupos de mujeres, centros educativos, empresas, organizaciones e instituciones aportan materiales reciclables; después, las mujeres que forman parte de los talleres los convierten en productos de calidad para su venta, y contribuyen a la generación de ingresos para apoyar procesos de protección y restitución de los derechos de mujeres en situación de violencia o vulnerabilidad.
«El fondo nace de la solidaridad organizada y del reciclaje comunitario, pero su impacto va mucho más allá», señala María Elena Rivas. La participación puede ser individual, colectiva, productiva o institucional. Algunas mujeres aportan materiales; otras los recogen en grupo o los transforman en productos útiles y artesanales. Escuelas, empresas y organizaciones también pueden donar materiales y colaborar en las acciones de sensibilización.
En San Dionisio, donde se recupera plástico procedente de la zona norte, esa dinámica tiene además un efecto ambiental: reduce residuos y con la venta de los productos se ayuda a sostener financieramente el fondo. “Reciclar también es cuidar la vida”, resume el lema de la iniciativa.
Acción de sensibilización con lideresas y lideres del casco urbano de Ereguayquín |
Redes que protegen
Los comités intersectoriales, las unidades municipales, las redes comunitarias, los centros educativos y los servicios públicos forman la estructura que sostiene la respuesta frente a la violencia. La coordinación entre esos actores resulta decisiva para que una mujer sepa dónde acudir y reciba una atención adecuada.
Pero la articulación institucional no basta por sí sola. También hacen falta servicios accesibles, personal formado y mecanismos de seguimiento que eviten que las mujeres tengan que recorrer solas el camino de la denuncia y la atención.
Por eso, el proyecto insiste en un enfoque de largo plazo: mantener las rutas de protección, consolidar mercados para los emprendimientos, sostener el Fondo para Nosotras y ampliar las oportunidades económicas. Todo ello exige compromiso público y alianzas estables. «Necesitamos que instituciones, municipalidades, organizaciones y empresas se sumen a este esfuerzo», reclama María Elena Rivas.
María Elena Rivas (segunda por la izquierda), muestra junto con otras participantes los resultados de un taller de tinte de tejidos. |

