Entrevista | Aminata Soucko, presidenta de Red Aminata para la defensa y salud de las mujeres

Entrevista | Aminata Soucko, presidenta de Red Aminata para la defensa y salud de las mujeres

Aminata Soucko es presidenta de Red Aminata, una asociación para la prevención y acompañamiento a víctimas de Mutilación Genital Femenina (MGF, en adelante) en la ciudad de Valencia. Esta activista maliense también sufrió MGF, lo que la condujo a implicarse desde hace más de diez años en proporcionar información y apoyo a través de su red para garantizar la salud física y psicológica de otras mujeres que sufren mutilación. Además, participa en diversos proyectos, organiza charlas y formaciones sobre derechos sexuales.

En Farmamundi, tenemos la suerte de contar con la colaboración de Aminata desde 2019 y, actualmente, como parte del proyecto ‘Construyendo Ciudadanía Global Crítica con el Derecho a la Salud Afectiva y Sexual: reconociendo, ejerciendo y reivindicando una salud integral a través de la movilización colectiva’, en colaboración con Valencia Acoge y financiado por la Generalitat Valenciana. La primera parte de este proyecto culminó el pasado mes de junio con la celebración de un fin de semana de convivencia entre las mujeres participantes, que se realizó como broche final de un proceso de 24 sesiones de formación dirigido a dinamizadoras comunitarias sobre el derecho a la salud afectiva y sexual. En este evento, donde las participantes pudieron poner en práctica todo lo aprendido, tuvimos la oportunidad de entrevistar a Aminata y preguntarle su opinión sobre el proyecto.

Entrevista a Aminata Soucko:

En este proyecto, las vivencias y las reflexiones de las participantes en cuanto a su derecho a la salud afectivo-sexual han ido marcando el camino de las sesiones, ¿qué ha significado para ti participar en este proceso de diálogo colectivo? 

Este proyecto ha significado, tanto para mí como para las mujeres, crear una nueva familia. Somos todas extranjeras y este espacio nos ha ayudado a crear una familia. Ha sido nuestro rincón donde hemos podido compartir todo lo que queríamos, donde podíamos opinar como queríamos sin que nadie nos juzgara, sin que nadie nos criticara, con todas nuestras diferencias culturales y religiosas en un ambiente de cohesión grupal. Además, ¡lo hemos pasado muy bien!

“Hemos creado una nueva familia, intercultural y unida”

La reivindicación del derecho a la salud sexual y afectiva requiere una actitud abierta al aprendizaje, disposición al cambio y el cuestionamiento de ciertos estereotipos, ¿cómo has percibido a las mujeres, sus cambios y sus procesos de aprendizaje?

Ha sido un cambio brutal. La sexualidad es un tema tabú en todos los países, pero en nuestros países puede serlo aún más. Hablar de estos tabúes nos ha ayudado también a abrir los ojos y ver que se reproducen en los países de todas. También nos ha ayudado a empoderarnos centrándonos en la sexualidad.

Por ejemplo, a algunas les costaba mucho nombrar sus partes íntimas, pero al final acabaron hablándolo con toda la naturalidad y sin miedo, sin vergüenza, sin tabúes. Eso nos ha ayudado a liberarnos.  A veces, por vergüenza, es difícil hablar o nombrar las enfermedades relacionadas con la genitalidad. Si en la vida normal, en la vida diaria, te cuesta nombrar algo, cuando estás enferma es aún más complejo explicarlo al personal sanitario; sin embargo, durante este proceso nos hemos ido soltando para poder hablarlo con más naturalidad.

Desde tu experiencia en sensibilizar y formar en materia de salud sexual, por qué consideras importante que las reflexiones y los aprendizajes en cuanto a la salud afectivo-sexual lleguen a otras mujeres.

Para normalizar este tema es necesario que estos mensajes sobre los tabúes lleguen a más mujeres. Es decir, es necesario empezar a nombrar los tabúes para eliminarlos. Una persona a la que le cuesta hablar de su genitalidad, si tiene alguna enfermedad, le va a costar expresarse y cuanto más tiempo tarde en verbalizar lo que le está pasando, le será más difícil y costoso curarse. Hay que aprender a autopercibirse, conocerse física y emocionalmente para expresarse, para pedir ayuda a tiempo y gozar de una mejor atención sanitaria que garantice nuestra salud sexual. 

“El sistema sanitario tiene que aprender a gestionar las diferencias culturales”

En varias de nuestras colaboraciones has insistido en la necesidad de que las instituciones tienen que estar preparadas para escuchar y formarse en estas cuestiones. En este sentido, ¿qué crees que debería hacer o cómo podría aprender el personal sanitario de este proceso que han vivido las mujeres?

Creo que el sistema sanitario tiene que aprender a gestionar las diferencias culturales. Una paciente de aquí puede ir y contar todo lo que le pasa pero, en cambio, a las personas migrantes les cuesta, más aún si no hablan el idioma. Para todas las mujeres que han participado en este proceso ha significado un importante empoderamiento para ellas. Una mujer que acaba de llegar, donde igual en su país los malos tratos son cosas normales, pensará que aquí es lo mismo. Por eso, participar en un grupo de mujeres de países diferentes y en el que cada una está reivindicando sus derechos, es clave también para la lucha contra la violencia de género. Estas mujeres que están empoderadas, pueden comunicarse mejor y facilitar la comunicación de otras mujeres con el personal sanitario.

Así que consideras que este proceso está contribuyendo a la construcción del derecho a la salud afectivo-sexual y que para seguir este camino es necesario dirigirse al sistema sanitario. ¿Qué consideras que sería lo más importante para favorecer este cambio social?

Creo que este proceso con las mujeres ha sido muy constructivo, ha estado súper bien y hay que llegar a más mujeres. Cuanta más mujeres se formen en este ámbito, más se verá la diferencia que supone y más se beneficiarán de las ventajas de estas formaciones.

La colaboración de Aminata Soucko es un elemento indispensable para este proyecto, ha marcado un punto de inflexión gracias a su historia personal, su experiencia y sus competencias, ha aportado y contribuido a un acercamiento al tema del derecho a la salud afectivo-sexual desde una mirada intercultural y enriquecedora tanto para las protagonistas como para Farmamundi, sobre todo, ha favorecido la generación de un proceso de cambio social realmente participativo.

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