Xosé María Torres I COVID-19: Lecciones aprendidas de la acción humanitaria

Xosé María Torres I COVID-19: Lecciones aprendidas de la acción humanitaria

En la cooperación al desarrollo, y en especial en la acción humanitaria, todos los actores, y entre ellos las ONGD, practicamos desde hace tiempo la técnica de las lecciones aprendidas, un sintagma de origen anglosajón (Lessons Learned), que propone analizar lo sucedido algún tiempo después para sacar conclusiones: aprender de las decisiones acertadas y tratar de evitar la erróneas.

En los últimos 30 años se han producido en el mundo varias catástrofes humanitarias; entre ellas el huracán Mitch en Nicaragua (1998), el genocidio de Rwanda (1994), la guerra de Bosnia (1992-1995), el tsunami en Indonesia (2004) o el terremoto Haití (2010); de todas ellas las ONGD hemos aprendido algunas lecciones, que pueden trasladarse, mutatis mutandis, a la actual de la COVID-19:

Liderazgo

Tras el terremoto de enero de 2010, el caos asolaba a Haití, ya de por sí un Estado débil, y con pocas capacidades, lo que dificultaba la llegada de la ayuda, que además al ser el país una isla solo podía llegar por barco o por vía aérea (o vía terrestre desde su vecina República Dominicana). EEUU tomó la decisión unilateral de hacerse cargo del aeropuerto de Puerto Príncipe, la capital de Haití. Técnicos estadounidenses se pusieron a gestionar el tráfico aéreo, con controladores, medios y tecnología norteamericana, lo que ordenó la llegada de aviones y mejoró la logística de la ayuda.

Rapidez

Ante una crisis la respuesta debe ser lo más diligente posible, inmediata si se puede. Ello exige comunicación y transporte aéreo, o el terrestre si hay vías de comunicación (carreteras o ferrocarril) abiertas. El transporte marítimo no vale. Fue el caso de parte de la ayuda de un país europeo al tsunami de Indonesia, en diciembre de 2004, enviada en un moderno buque militar, que llegó a mediados de febrero, más de 50 días después de tsunami, por lo que su tardía contribución (¿una operación de marketing de la industria militar?) fue muy poco relevante.

Solidaridad

La ayuda humanitaria se practica desde hace siglos; tiene al menos 265 años de antigüedad. Cuando el terremoto -y tsunami y posterior incendio- de Lisboa de 1755, la desolación producida llevó al gobierno portugués a pedir ayuda a sus aliados; al menos Inglaterra se la ofreció; así lo atestigua Voltaire en su obra «Cándido o el optimismo». Y más debería darse hoy en este mundo interconectado y con instituciones supranacionales como la Unión Europea, que no parece estar -por la negativa de algunos países- a la altura de miras que requiere el desafío de la pandemia.

Evitar riesgos

En cualquier desastre surgen iniciativas de personas e instituciones que se apuntan a un bombardeo, llevadas por un ánimo de buen samaritano.  Deben prohibirse iniciativas imprudentes, como la caravana puesta en marcha en 2009 por la ONG Barcelona Acció Solidària, que condujo al secuestro en Mauritania de varios voluntarios que formaban parte de la expedición. Las iniciativas en lugares críticos deben reservarse a profesionales, evitando el buenismo.

Experiencia

Son necesarios protocolos para que actúen quienes saben y pueden; en un primer momento de la actual crisis COVID-19, el gobierno central asumió el liderazgo y el mando, encargando al ministerio de Sanidad la adquisición de materiales de protección, decisión luego corregida. Era dudosa la capacidad y experiencia de este ministerio en la adquisición de material sanitario; se trata de un departamento con escasas competencias, y que únicamente gestiona la atención sanitaria en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que suman unos 165.000 habitantes (menos que la localidad de Getafe).

Ayuda eficiente

Muchas veces el buenismo, el marketing, o la caradura, hace llegar a lugares azotados por un desastre, ayuda inadecuada o poco eficiente: es el caso de Sudán, que en 1990 recibió estimulantes del apetito, un sarcasmo para una población que se estaba muriendo de hambre. En 1995, un moderno municipio del extrarradio norte de Madrid decidió enviar una fotocopiadora a Cuba en concepto de ayuda; para su entrega se trasladaron en avión 5 concejales (de diverso cariz político), que disfrutaron de una sabrosa estancia en la isla caribeña. Finalmente, en la crisis provocada en el sur de EE.UU. por el huracán Katrina en 2005, una comunidad autónoma española envió varias toneladas de agua embotellada, en avión y a más de 8.000 km de distancia.

En este sentido, Farmamundi también recuerda la importancia de conocer la campaña de ‘Donaciones responsables’, orientada a informar sobre sobre cómo realizar donaciones apropiadas de medicamentos y el peligro que supone utilizar fármacos sobrantes y que han salido del canal farmacéutico.

Depósitos estratégicos

Todas las grandes agencias internacionales de ayuda humanitaria (PMA, OMS, UNICEF, USAID…) e incluso ONG de pequeño tamaño como Farmamundi, disponen de centros logísticos de alimentos y material humanitario preparado para atender crisis sanitarias, como los kits de emergencia, con medicamentos y material sanitario para atender a una población de 10.000 personas durante 3 meses. ¿Cómo es que España, entre los 15 países más importantes del mundo por PIB no dispone de depósitos estratégicos de materiales básicos como alcohol, guantes, geles desinfectantes de manos, mascarillas, y por supuesto, medicamentos básicos?

Población preparada

Hay varios países que destacan por la capacidad de su protección civil y por el conocimiento de la población de lo que tiene que hacer en una emergencia: Japón en casos de terremotos, o Cuba ante un huracán; en ambos casos, todos, incluso los niños pequeños, saben lo que tienen que hacer, como ponerse debajo de una mesa en los terremotos en Japón, o dirigirse a refugios  y zonas no inundables en Cuba.

Otro ejemplo es Haití, donde la ONG Mosctha y Farmamundi continúan reforzando su trabajo conjunto de atención sanitaria y de prevención para reducir el riesgo ante desastres en el Departamento Oeste del país, con la implantación de un plan integral de gestión de riesgos para reforzar la capacidad de resiliencia en salud de la población haitiana.

Podríamos seguir con otros ejemplos, pero valgan estos para apuntar lo que se debería hacer para que en la próxima emergencia que se pueda dar en nuestro país, podamos afrontarla con mayores garantías. Ese es nuestro deseo, así como el de que la actual crisis por el coronavirus SARS-CoV-2 termine cuanto antes y con el menor impacto posible.

Xosé María Torres Bouza

Farmacéutico y portavoz de patentes de Farmamundi

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