En comunidades como Casa Blanca, en el distrito de Perquín (Morazán Norte, El Salvador), el acceso al agua potable sigue sin estar garantizado. Para muchas familias, conseguir agua no es algo cotidiano ni seguro: implica buscarla, acarrearla, almacenarla y administrarla cada día.
Esta situación afecta a la salud, al tiempo disponible y a las oportunidades de la población, especialmente de mujeres, niños y niñas, personas mayores y personas con enfermedades o discapacidad.
“La falta de acceso a agua segura tiene como consecuencia las enfermedades, ya que, si no te llega todos los días, hay que ir a rebuscarse”, explica Yaqueline Abigail Portillo, tesorera de la Asociación de Desarrollo Comunitario (ADESCO).
Su testimonio resume una realidad marcada por la escasez de infraestructuras, la limitada capacidad de almacenamiento, la distribución desigual del recurso y la presión sobre las fuentes hídricas, sobre todo durante la época seca. En un contexto de cambio climático, con sequías más intensas y prolongadas, las dificultades para garantizar el derecho humano al agua se agravan.
Yaqueline cuenta con acceso a agua clorada en su hogar, pero este servicio no llega de la misma manera a todas las familias, lo que genera importantes desigualdades dentro de la propia comunidad.
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Horas de trabajo diario para poder tener agua
En Casa Blanca, acceder al agua puede ocupar varias horas al día. Ese tiempo condiciona toda la jornada y reduce el margen para otras actividades esenciales, como estudiar, trabajar, descansar o cuidar.
“Hay días en los que se necesitan cuatro o cinco horas para gestionar el agua. Esto implica un tiempo que podría aprovecharse en otras áreas del día a día”, señala Yaqueline.
La carga también afecta a la infancia. Algunos niños y niñas participan en la recolección de agua antes de ir a la escuela, lo que repercute en su descanso y en su continuidad educativa.
“Hay niños que tienen que acarrear agua en la madrugada antes de irse a la escuela… puede que no vayan a estudiar por estar acarreando agua”, añade.
En los hogares, esta responsabilidad recae con frecuencia sobre las mujeres. Erika Maricela López Ramos, vicepresidenta de la Junta de Agua, explica cómo organiza su rutina: “Por la mañana realizo las tareas del hogar y, por la tarde, tengo que acarrear agua para dejarla lista para el día siguiente”.
Erika estima que su familia consume en total unos 100 litros de agua al día para uso doméstico y personal, una cantidad que no alcanza el mínimo del derecho humano al agua reconocido por la ONU, fijado entre 50 y 100 litros por persona y día.
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La comunidad se organiza, pero la respuesta sigue siendo insuficiente
Frente a esta situación, las comunidades han desarrollado formas colectivas de organización para gestionar el recurso. Las Juntas de Agua permiten coordinar la captación, el almacenamiento, la cloración y la distribución, y han contribuido a mejorar el acceso en parte del territorio.
Ever Mauricio Nolasco, presidente de la Junta de Agua, explica que la situación cambia según la época del año: “En invierno la situación está bastante bien, pero en verano se siente la escasez, porque la cantidad baja un poco”.
Aunque existen avances en el tratamiento y control de la calidad del agua, las infraestructuras siguen siendo insuficientes para cubrir a toda la población.
“Tenemos agua en la fuente, pero no tenemos dónde almacenarla suficiente… alrededor del 55% de las familias todavía no tienen acceso al servicio”, explica David Antonio Guzmán Ramos, miembro de la Junta de Agua.
La falta de acceso no depende solo de la disponibilidad natural del recurso. También refleja la insuficiente inversión en sistemas de almacenamiento y distribución, así como las limitaciones técnicas y financieras para sostener una respuesta duradera.
Como presidente de la Junta de Agua, Ever se encarga de revisar el funcionamiento del sistema, supervisando el tanque, la fuente y la red de tuberías como parte del trabajo comunitario.
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El impacto en la salud es mayor para las personas más vulnerables
Cuando el acceso al agua no es continuo, las familias se ven obligadas a recurrir a fuentes no tratadas o a almacenar agua en condiciones precarias. Esto incrementa el riesgo de enfermedades y afecta con más dureza a quienes ya están en situación de vulnerabilidad.
“En la comunidad tenemos personas con enfermedades, adultos mayores o con discapacidad… cuando no tienen acceso al agua, les afecta más en la salud”, señala David.
La escasez también genera una carga constante de preocupación y reorganización en los hogares, que deben planificar cada día en función de si habrá agua suficiente o no.
David pone en valor la solidaridad vecinal, ya que los hogares que cuentan con acceso al agua comparten el recurso con las familias que aún no disponen de acometida, garantizando así el consumo de agua segura y ayudando a prevenir enfermedades.
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Respuestas comunitarias y aprendizaje compartido
Las comunidades de Perquín están respondiendo desde la organización colectiva, con asambleas, juntas de agua y mecanismos de participación para gestionar el recurso de forma comunitaria. Este proceso cuenta con el acompañamiento de Farmamundi y la Asociación Salvadoreña Promotora de Salud (ASPS) para fortalecer la gobernanza local, mejorar las infraestructuras y avanzar hacia una gestión más sostenible del agua. Con el apoyo económico de la Junta de Castilla y León, 75 familias han conseguido disponibilidad y continuidad en el servicio de agua hasta sus casas.
Estas experiencias también forman parte del trabajo educativo que Farmamundi impulsa en Castilla y León a través de la plataforma Más allá de nuestra salud. Los testimonios de Yaqueline, Ever, Erika y David llegan a las aulas como una herramienta para reflexionar sobre los determinantes sociales de la salud, el derecho humano al agua y las desigualdades en el acceso a recursos básicos.
A partir de estas historias, el alumnado puede comprender que la falta de acceso al agua no es una situación inevitable, sino el resultado de estructuras, decisiones políticas y modelos de gestión que pueden y deben transformarse.
A través de dinámicas participativas como los paseos fotográficos, el alumnado desarrolla una mirada crítica sobre la salud global.
Los materiales educativos están disponibles en masalladenuestrasalud.saludglocal.org/materiales. |
Los avances en Perquín muestran que mejorar el acceso al agua es posible cuando se fortalecen las capacidades locales y la participación comunitaria. Pero los retos siguen siendo enormes: ampliar la cobertura, reforzar las infraestructuras, mejorar la respuesta pública y adaptarse a los efectos del cambio climático.
Mientras eso no ocurra, para muchas familias acceder al agua seguirá siendo una tarea diaria que consume tiempo, deteriora la salud y limita el futuro.

