En el departamento de La Libertad, una de las zonas más inseguras para las mujeres en El Salvador, la desigualdad de género y las violencias machistas forman parte de la vida cotidiana. Las cifras reflejan una realidad estructural: más del 50 % de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia física, psicológica o sexual en el espacio público, y casi el 48 % en el ámbito privado. La Libertad ocupa, además, los primeros puestos del país en feminicidios, violencia sexual, embarazos infantiles y adolescentes y muertes violentas de mujeres, según datos de 2023.
En el distrito de Ciudad Arce, esta situación se ve agravada por la falta de información y de acceso a recursos institucionales. Un 31,6 % de las mujeres manifiesta haber sufrido discriminación por el hecho de ser mujer, pero solo el 0,6 % ha denunciado. Más de un tercio desconoce a dónde acudir en caso de violencia sexual. La impunidad, el miedo y la desconfianza hacia las instituciones siguen siendo barreras difíciles de superar.
Organizadas frente a la violencia en Ciudad Arce
En Ciudad Arce, las mujeres organizadas han decidido acompañar a mujeres que enfrentan violencia física, psicológica y económica, muchas veces normalizada y sostenida por la dependencia económica y el aislamiento social.
Las lideresas locales explican que romper el ciclo de la violencia es un proceso largo y complejo. En su experiencia, muchas mujeres no reconocen inicialmente la violencia que viven o no se sienten capaces de salir de ella. La violencia, señalan, se va agravando con el tiempo y, en los casos más extremos, termina en feminicidio. Por eso, el acompañamiento cercano y el trabajo comunitario resultan clave para generar confianza y abrir caminos de salida.
La organización colectiva también permite identificar otras desigualdades que atraviesan la vida de las mujeres, especialmente en el ámbito económico. En Ciudad Arce persiste una fuerte brecha salarial: las mujeres ganan menos que los hombres, incluso realizando los mismos trabajos, tanto en maquilas como en el sector informal. Además, la discriminación por edad limita el acceso al empleo a partir de los 30 o 35 años, empujando a muchas mujeres al desempleo o al autoempleo precario. Ante esta realidad, el emprendimiento surge como una alternativa, aunque sin formación ni apoyo resulta difícil que se convierta en una opción sostenible.
Fortalecer la organización, la protección y la autonomía
Para dar respuesta a estas problemáticas, Farmamundi, junto a su socia local Asociación de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA), impulsa el proyecto “Promover de forma articulada el empoderamiento de las mujeres impulsando sus derechos por una vida libre de violencia para garantizar su libertad y seguridad en Ciudad Arce”. La iniciativa, que apoya el Ayuntamiento de Valencia beneficia directamente a 1.410 personas, de las cuales 1.166 son mujeres, integrantes de organizaciones comunitarias y asociaciones de mujeres. De manera indirecta, alcanza al conjunto de mujeres del distrito de Ciudad Arce, más de 38.000 mujeres.
“El proyecto tiene como objetivo fortalecer la participación, la protección y la autonomía económica de las mujeres. Está dirigido principalmente a mujeres rurales, urbanas y periurbanas, muchas de ellas jefas de hogar, pertenecientes a sectores empobrecidos y expuestas a múltiples vulneraciones de derechos”, cuenta Lidia Jiménez, responsable de la sede de Farmamundi en El Salvador.
La iniciativa se articula en tres grandes ejes. En primer lugar, mediante procesos de formación y articulación comunitaria. En segundo lugar, la mejora de las condiciones de protección, grupos de autoayuda, acompañamiento comunitario y orientación jurídica y psicosocial. Y, en tercer lugar, el impulso de la autonomía económica, a través de formación en emprendimiento, apoyo a la promoción y comercialización de productos y uso de herramientas digitales.
“Las mujeres participantes destacan que estas acciones no solo fortalecen sus capacidades, sino que les permiten acompañar mejor a otras mujeres. Cuidarse entre ellas, compartir experiencias y contar con seguimiento psicológico y jurídico es fundamental”, explica Jiménez.
“Unidas somos más fuertes”: las voces de las lideresas
Para Yesenia Avalos, (nombre ficticio), presidenta de la Asociación Municipal de Mujeres de Ciudad Arce (ASOMMCALL) y lideresa comunitaria, participar significa no sentirse sola frente a la violencia. Desde su experiencia, “el trabajo en red nos permite llegar a más mujeres, conocer mejor sus realidades y gestionar apoyos con distintas instituciones. Saber que una mujer logra salir del ciclo de la violencia es una de las mayores gratificaciones del trabajo comunitario”.
Yesenia subraya también la importancia del fortalecimiento económico. “La discriminación laboral y salarial que viven las mujeres en Ciudad Arce empuja a muchas a emprender, pero sin formación ni acompañamiento es difícil sostener estos proyectos. Las capacitaciones que impulsamos permite a las mujeres valorarse más, mejorar sus emprendimientos y generar ingresos propios, lo que refuerza su autonomía y su capacidad de decisión”.
Por su parte, Fátima Contreras (nombre fícticio), síndica de ASOMMCALL, destaca el papel de ORMUSA como una aliada histórica en la defensa de los derechos de las mujeres. Para ella, el acompañamiento integral —formación, asesoría jurídica, atención psicológica y autocuidado— es clave para que puedan sostener su labor. “Para ayudar a otras, primero tenemos que sanarnos nosotras”, señala, recordando que muchas mujeres defensoras también han vivido violencia en algún momento de sus vidas.
Ambas lideresas valoran especialmente los espacios de intercambio con mujeres de otros territorios y países. “Compartir experiencias, aprender nuevas estrategias y reconocerse fortalece nuestra identidad y refuerza la idea de que la defensa de los derechos de las mujeres es una causa colectiva, que va más allá de las fronteras”, concluye Fátima Contreras.
Defender hoy para garantizar el mañana
Las mujeres de Ciudad Arce siguen organizándose para proteger la vida, la dignidad y los derechos de otras mujeres. Su trabajo demuestra que la organización comunitaria, el apoyo mutuo y la autonomía económica son herramientas fundamentales para enfrentar la violencia y construir alternativas.
El proyecto impulsado por FARMAMUNDI y ORMUSA apuesta precisamente por eso: fortalecer a las mujeres desde el territorio, porque garantizar su seguridad, su autonomía y su participación es también una forma de defender el futuro de sus comunidades.

