En el norte de Etiopía, donde el conflicto armado ha dejado un sistema de salud debilitado y a las comunidades con profundas secuelas psicológicas, un proyecto de Farmamundi con apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad ha facilitado la atención médica, apoyo psicosocial y autonomía económica a cientos de mujeres y sus familias en Tigray.
La guerra ha provocado la destrucción de infraestructuras esenciales, como las sanitarias, y un aumento alarmante de la violencia sexual y basada en género, en un país donde el sistema sanitario ya dependía en un 34,45% de la ayuda internacional. En este oscuro contexto, se abre un claro. El Hospital de Samre, en Tigray, es hoy un punto de referencia para la población más vulnerable, gracias al abastecimiento de medicamentos y equipos sanitarios, que han permitido realizar 3.200 atenciones, un 77% de ellas a mujeres.

Atención en salud mental y tratamiento del trauma
Este refuerzo del sistema de salud público, puesto en marcha gracias al trabajo conjunto con la ONG local WE-Action, ha dedicado especial énfasis a la mejora de la atención en salud mental y del tratamiento del trauma psíquico. “A nivel nacional se estima que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, y tan sólo el 10% de las sobrevivientes recibe apoyo médico o psicológico y el 20% desarrolla depresión”, explica el responsable de los proyectos de Acción Humanitaria en Etiopía, Miguel Novoa.
Y es que la exposición prolongada al conflicto y la violencia ha generado un aumento de los trastornos mentales, que carece de respuesta institucional adecuada, ya que “sólo hay unos 100 psiquiatras en el sistema público para más de 100 millones de habitantes, concentrados en su mayoría en la capital”, apostilla.
En este sentido, en el marco del proyecto se entregaron 110 kits de dignidad a mujeres supervivientes, embarazadas, lactantes y menores en especial vulnerabilidad, y se realizaron 200 transferencias multipropósito para cubrir necesidades básicas y activar pequeños emprendimientos. Además, 31 profesionales del circuito público fueron formados en derivación y gestión de casos, y en Samre, se creó un espacio seguro gestionado por 10 lideresas comunitarias formadas en psicoeducación, que han facilitado 36 sesiones de apoyo para la recuperación y el fortalecimiento de las capacidades de afrontamiento de 30 mujeres y niñas.
“Escuchar a otras personas compartir luchas similares me mostró que no soy la única que vive con preocupación, tristeza o pérdida. Creía que había nacido para soportar la pobreza, el dolor y la ansiedad”, relata Hiweyet, viuda de 50 años que vio morir a su marido en la guerra de Tigray y quedó traumatizada por ataques aéreos y la muerte de seres queridos. Otras mujeres, como Selam o Finane, destacan que estas sesiones les han ayudado a dejar de sentirse solas, reconocer sus propios recursos internos y volver a trabajar o retomar responsabilidades familiares “con más seguridad y bienestar emocional”.
Medios de vida y liderazgo de las mujeres
Además de la atención sanitaria y psicosocial, la iniciativa ha impulsado un programa de recuperación de medios de vida sostenibles para fortalecer la autonomía económica y la resiliencia de las mujeres afectadas por la guerra. “Se ha formado a 42 agentes comunitarios y personal experto agrícola en técnicas climáticamente inteligentes, y se ha apoyado a 310 mujeres supervivientes de violencia mediante la entrega de semillas, insumos agrícolas y transferencias en efectivo condicionadas a la compra de pequeños rumiantes”, detalla Novoa.
De forma transversal, el proyecto ha incorporado un enfoque de género y derechos humanos, capacitando a 50 titulares de derechos y proveedores de servicios en protección de derechos y prevención de la violencia sexual y basada en género. Además, se constituyeron cinco comités de quejas con 35 miembros para asegurar canales seguros y confidenciales entre las comunidades y el proyecto.
“Gracias al apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad y al trabajo conjunto con WE-Action y las comunidades, la intervención en Tigray nos ha permitido no solo restablecer servicios esenciales, sino también reforzar el liderazgo de las mujeres de Tigray y contribuir a la recuperación de su salud, su autonomía y su voz”, concluyen desde Farmamundi.

