«Ya no nos sentimos solas». Una red comunitaria refuerza la vigilancia epidemiológica en El Salvador

«Ya no nos sentimos solas». Una red comunitaria refuerza la vigilancia epidemiológica en El Salvador

ASPS y Farmamundi, con financiación de la Generalitat Valenciana y en coordinación con el Ministerio de Salud de El Salvador y el SIBASI de Morazán, impulsan un programa que fortalece seis micro-redes de salud y beneficia a más de 127.000 personas.

La detección temprana de enfermedades como dengue, zika, chikungunya, sarampión, leishmaniasis, Chagas o COVID-19 es hoy más rápida en comunidades rurales de Morazán gracias a una red de vigilancia epidemiológica comunitaria impulsada por la Asociación Salvadoreña Promotora de la Salud (ASPS) y Farmamundi.

La iniciativa, financiada por la Generalitat Valenciana y desarrollada en coordinación con el Ministerio de Salud y el Sistema Básico de Salud Integral de Morazán, ha fortalecido la capacidad de respuesta sanitaria en seis micro-redes de salud —Perquín, Osicala, Gotera, Corinto, Sesembra y Jocoro—, con un alcance estimado de más de 127.000 personas. El programa busca que las comunidades puedan identificar señales de alerta, activar rutas de atención y evitar que un caso aislado se convierta en un brote.

En un territorio marcado por la dispersión geográfica, la pobreza y la escasez de personal sanitario —con apenas 4,3 médicos por cada 10.000 habitantes—, la formación de líderes y lideresas comunitarias se ha convertido en una herramienta clave para acercar la salud pública a las familias. Mujeres, niñas, niños y personas mayores se encuentran entre los grupos más expuestos a las consecuencias de estas barreras de acceso.

La comunidad, primera línea de alerta

Uno de los cambios más visibles se produce en la primera línea de atención: la comunidad. Ante síntomas como fiebre alta o erupciones en la piel, los comités de salud pueden recopilar información, avisar a la unidad de salud correspondiente y acompañar la derivación de la persona afectada. Para las familias, esta red significa orientación y apoyo en momentos de incertidumbre. Como resume una madre atendida en el marco del programa: “Ya no nos sentimos solas, ellos nos ayudan y nos orientan qué hacer”.

El apoyo técnico y financiero ha permitido potenciar la respuesta ante los brotes”, señala Lidia Jiménez, coordinadora de Farmamundi en El Salvador. “Ha instalado capacidades duraderas en los territorios y reduce las desigualdades estructurales, avanzando hacia una salud pública más justa, más equitativa y más preparada”.

El programa ha formado a 121 líderes y lideresas de comités de salud comunitarios, de los cuales 100 son mujeres y 21 hombres. Su papel es esencial en la identificación de riesgos, la difusión de información sanitaria, el apoyo a campañas de limpieza y vacunación, y la comunicación entre las comunidades, las alcaldías, los equipos promotores y las unidades de salud.

Para Ana Cecilia Arévalo, directora ejecutiva de ASPS, el objetivo es que la organización comunitaria permanezca más allá de la intervención puntual. “Nuestra visión es promover organizaciones en la comunidad, para que estén informadas, participen y sean capaces de identificar de manera oportuna los riesgos de salud dentro de su comunidad”, explica.

Organización local para una respuesta más rápida

La intervención también ha fortalecido la estructura técnica del sistema sanitario local. Entre los principales avances figuran la actualización de los Lineamientos Nacionales de Vigilancia Epidemiológica, la puesta en marcha de tres Unidades de Inteligencia Epidemiológica, la mejora de seis Unidades Comunitarias de Salud Familiar y la formalización del manual de Vigilancia Epidemiológica Comunitaria (VECO). Esta herramienta permite ordenar los procedimientos para que líderes comunitarios y personal sanitario sepan qué datos recoger, a quién notificar y en qué plazos actuar.

Además, 40 profesionales del Ministerio de Salud han recibido formación en lengua de signos, una medida orientada a mejorar la atención a personas sordas y reducir barreras de comunicación en los servicios sanitarios.

La doctora Marjorie Flores, del SIBASI de Morazán, destaca la importancia de contar con espacios de análisis y coordinación. El departamento fue pionero en el país con una sala de inteligencia epidemiológica, una herramienta que durante la pandemia de COVID-19 facilitó la comunicación con los niveles superiores del sistema sanitario y permitió dar seguimiento a la información epidemiológica.

El refuerzo también ha llegado a los laboratorios y a las unidades de salud, donde la alta demanda exige respuestas rápidas. En Jocoro, el personal sanitario subraya que las donaciones de equipamiento y materiales permiten acelerar la realización de exámenes y llegar con mayor rapidez a las comunidades que necesitan atención.

Aunque los retos persisten, el programa ha demostrado que la vigilancia comunitaria puede ser una pieza decisiva para mejorar la respuesta sanitaria en zonas rurales. En Morazán, la distancia entre una alerta de salud y una respuesta médica ya no depende solo de los kilómetros hasta la unidad más cercana, sino también de una red local capaz de escuchar, avisar y actuar.

Datos clave del programa:

  • Más de 127.000 personas beneficiadas en Morazán.
  • Seis micro-redes de salud fortalecidas: Perquín, Osicala, Gotera, Corinto, Sesembra y Jocoro.
  • 121 líderes y lideresas comunitarias formadas, de ellas 100 mujeres.
  • 40 profesionales del Ministerio de Salud capacitados en lengua de signos.
  • Tres Unidades de Inteligencia Epidemiológica puestas en marcha.
  • Seis Unidades Comunitarias de Salud Familiar mejoradas.
  • Actualización de lineamientos nacionales y formalización del manual VECO.

Un proyecto financiado por:

“Mejora de la respuesta del sistema de vigilancia epidemiológica en 6 micro-redes del SIBASI Morazán de El Salvador, con acciones multisectoriales, incluyentes y articuladas en las Redes Integrales e Integradas de Servicios de Salud (RIISS) para la prevención y protección en salud pública”.