En la región de Kita, al suroeste de Malí, hablar de menstruación, planificación familiar o violencia de género no es fácil. El silencio, los tabúes y la falta de información condicionan la vida de miles de adolescentes y mujeres jóvenes. En la Comuna Rural de Kokofata, donde viven más de 5.000 adolescentes—el 51% mujeres—, estas barreras se traducen en embarazos tempranos, infecciones de transmisión sexual, abandono escolar y normalización de distintas formas de violencia.
Desde 2010, Farmamundi trabaja en Malí junto a organizaciones locales con experiencia en salud materno-infantil, seguridad alimentaria y nutricional, empoderamiento de las mujeres, derechos sexuales y reproductivos y erradicación de la violencia basada en género y prácticas tradicionales nocivas. En Kokofata, junto a ASIC y JIGIYA BLON, hemos impulsado un proyecto financiado por la Diputación Foral de Bizkaia para promover el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y del derecho a una vida libre de violencia, incorporando además la protección de los ecosistemas locales como parte del bienestar colectivo.
Romper el silencio
El punto de partida era claro: existía un desconocimiento generalizado sobre cuestiones básicas como el ciclo menstrual, la fertilidad, los métodos anticonceptivos o la prevención de ETS y VIH. Las prácticas tradicionales nocivas y las relaciones de género basadas en la dominación masculina reforzaban esa vulneración sistemática de derechos.

Una de las acciones centrales del proyecto ha sido la gestión de la higiene menstrual. A través de sesiones formativas y espacios comunitarios, se han abordado tabúes, informaciones erróneas y situaciones de discriminación. Además, las adolescentes han recibido kits de higiene, compresas y calendarios menstruales.
Sissoko Mbamakan, miembro de un Club de Adolescentes, lo resume así:
“La información ha cambiado nuestra percepción de las cosas. La falta de conocimientos nos mantenía en silencio y nos hacía sentir vergüenza. (…) A nivel psicológico, la vergüenza ha dado paso a la aceptación y la confianza en nosotras mismas. Saber cómo gestionar nuestra menstruación mejora definitivamente nuestro estado de ánimo. Podemos continuar con nuestras actividades diarias, ir al colegio o al trabajo sin miedo”.
Mariam Sissoko, estudiante de secundaria en Maréna y miembro del Comité de Higiene Menstrual, recuerda su primera menstruación:
“La primera vez que tuve la regla, me asusté mucho, pensando que se trataba de una enfermedad. (…) Hoy en día, ya no me avergüenzo en la escuela cuando tengo la regla, gracias al acceso a las compresas higiénicas. Incluso hablo abiertamente con mis amigas, sin tabúes, porque he comprendido que no es una enfermedad”.
La mejora del acceso a productos de higiene ha ido acompañada de un trabajo con la comunidad educativa para garantizar condiciones adecuadas, como letrinas separadas, y para reducir el abandono escolar vinculado tanto a la menstruación como a los matrimonios infantiles.
Servicios de salud que generan confianza
El proyecto también ha reforzado un centro de salud comunitario y una maternidad secundaria en el área de Maréna, dotándolos de equipamiento especializado en salud sexual y reproductiva. Paralelamente, se han fortalecido las capacidades del personal sanitario en planificación familiar, prevención de violencia basada en género e identificación de mujeres y jóvenes en riesgo.
Assan Coulibaly, enfermera del CSCom de Maréna, describe el cambio:
«Antes era raro ver a mujeres y adolescentes acudir al centro de salud para consultas o servicios de planificación familiar. (…) Muchas temían que se revelaran sus secretos o que la gente las juzgara. Hoy en día, gracias a las múltiples acciones llevadas a cabo por el proyecto, la situación ha cambiado radicalmente. Las mujeres acuden ahora con más confianza y seguridad. (…) Esta confianza recuperada en los cuidadores y en el centro de salud es un paso crucial para su bienestar psicológico y su salud».
La confidencialidad y el trato respetuoso se han convertido en elementos clave. Awa Diakité, lideresa comunitaria y usuaria de servicios de planificación familiar, lo expresa con claridad:
«Lo que más valoro es la confidencialidad. Sea cual sea la enfermedad o la necesidad, sé que si hago una pregunta, incluso la más íntima, la respuesta quedará entre el profesional sanitario y yo. Esto reduce considerablemente el miedo y la ansiedad relacionados con la visita al centro de salud».
Junto al personal sanitario, el proyecto ha formado Agentes de Salud Comunitaria, primer nivel de acceso a cuidados de salud sexual en cada comunidad. Esta red ha sido reforzada en promoción de la salud sexual y reproductiva, prevención de ETS/VIH y embarazos no deseados, con foco en población joven.
Cambios que empiezan en la infancia
La prevención de la violencia basada en género forma parte esencial de la intervención. En las escuelas se trabaja con profesorado y alumnado en la prevención del acoso, la promoción de relaciones respetuosas y la detección de situaciones de violencia.
Fanta Doumbia, alumna de la escuela de Maréna, relata la transformación vivida:
«La violencia de género ha disminuido considerablemente en nuestra escuela. Antes, la situación era muy diferente. Nuestros compañeros se burlaban de nosotras y nos pegaban. (…) Además, algunos profesores acosaban a las alumnas. (…) Pero desde la llegada del proyecto, todo va bien. Podemos ir y volver de la escuela con total seguridad».
El proyecto ha impulsado también espacios intersectoriales e intergeneracionales para asegurar la sostenibilidad de los cambios. Bakou Diakité, líder comunitario de Maréna, subraya la importancia de consolidar estos avances:
“Me gustaría que hubiera un «rincón para los jóvenes» permanente en el CSCOM, un espacio donde se sintieran seguros (…) Porque la tranquilidad de nuestras hijas y mujeres es la clave de la estabilidad de nuestras familias. (…) Estos cambios son importantes porque no solo afectan al cuerpo, sino que también tranquilizan los corazones y permiten a cada uno soñar con un futuro mejor”.
Un compromiso que trasciende fronteras
El 14 de octubre de 2025, en el marco del ciclo de Salud Mental organizado por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Bizkaia, Farmamundi Euskadi presentó los impactos que tiene en el bienestar personal y emocional la protección del derecho a la salud, especialmente en DDSSRR y derecho a una vida libre de violencia.
Los testimonios recogidos en este reportaje —de Mbamakan, Mariam, Fanta y el personal sanitario y comunitario— forman parte de esa presentación, que puso rostro humano a las estadísticas y evidenció la conexión entre acceso a servicios de salud, dignidad y bienestar emocional.
Puedes ver la presentación completa en el siguiente vídeo:

